La disminución normal del apetito a esta edad es un motivo frecuente de preocupación relacionada con la nutrición. En la mayoría de los casos se puede informar a los padres de que si el crecimiento es normal, la ingesta del niño es suficiente. En condiciones normales, los niños regulan la ingesta de alimentos para adaptarla a sus necesidades somáticas, de acuerdo con las sensaciones de hambre y saciedad. La ingesta diaria fluctúa, a veces mucho, pero la semanal es relativamente estable. Los intentos de los padres de controlar la alimentación del niño, interfieren en sus mecanismos autorreguladores, ya que el niño tiene que acceder a ellos o rebelarse contra la presión; el resultado puede ser un exceso o un defecto de la ingesta de alimentos.
Los niños precoces desde el punto de vista motor y muy activos se enfrentan a un mayor riesgo de lesiones, los padres de estos niños de benefician con el consejo precoz sobre la necesidad de tomar precauciones en el hogar, supervisión constante y uso de casco para montar bicicleta (y antes para el triciclo).
Las preocupaciones de los padres sobre una posible hiperactividad pueden reflejar expectativas no realistas, intensificación de los temores o verdadera hiperactividad. Los niños temerarios, con actividad incontrolable y sin preocupación aparente por la seguridad personal requieren un entorno seguro con supervisión estrecha. Este patrón de actividad indiscriminada se observa a veces en niños que han sido objeto de abuso o descuido.



