
Los alimentos son sumamente importantes en nuestras vidas, definen quiénes somos, cómo vivimos y nuestra calidad de vida. Por eso, es vital comenzar a cuidar la dieta de los niños desde sus primeros meses de vida, incorporando alimentos sólidos en forma paulatina a partir de los seis meses.
Esta etapa en la que el bebé comienza a incorporar nuevos sabores y texturas es un factor determinante en la salud del pequeño. Por un lado, lo introducirá en nuevo mundo de alimentos y por otra parte, se cubrirán los cambiantes requerimientos nutricionales del pequeño para asegurar su correcto crecimiento y desarrollo.
Mes a mes aumentarán las necesidades de energía del bebé, por lo cual será necesario complementar la leche con alimentos y nutrientes indispensables, tales como:
Hierro: cuya principal función es la de transportar oxígeno a los tejidos.
Zinc: es esencial para la integridad del sistema inmune y el crecimiento.
Calcio: ayuda a desarrollar y fortalecer los huesos y diente.
Fósforo: junto al calcio ayuda en la formación de los huesos y participa en procesos de formación de energía.
Vitamina B1: mediadora del metabolismo de hidratos de carbono, única fuente de energía posible para el cerebro.
Vitamina A: es fundamental para el desarrollo de la visión y el sistema inmune.
Vitamina D: regula el calcio, generalmente se da en forma de suplemento cuando el niño nace en invierno.
Ácido Fólico: tiene un importante papel en el desarrollo de las células y los tejidos.
Prebióticos: son bacterias benéficas que cumplen su función en el intestino protegiendo la salud y las defensas. Se dividen en Bifidobacterias y Lactobacilos y ayudan a regular el tránsito intestinal, reconstituyen la flora intestinal y estimulan el desarrollo del sistema inmune a nivel intestinal.


