
La visión de los niños se desarrolla en forma progresiva a medida que crecen. A lo pocos días de nacido, el niño solo es capaz de parpadear frente a una luz brillante y hacia las seis semanas ya puede establecer contacto visual con su madre. Entre los 2 y los 3 meses el pequeño comienza a demostrar interés por los objetos brillantes y a los 4 meses ya es capaz de realizar movimientos oculares coordinados.
La visión de los niños es menor a la de los adultos y aumenta a lo largo de los años. Al mes de vida, un niño tiene solamente un 5% de la visión del adulto. Este porcentaje se cuadriplica entre los 2 y 4 meses, alcanzando un 20% de la visión de un adulto. Los niños de un año ya poseen entre un 30 y un 40% de la visión de los adultos y alcanzarán el 100% entre los 3 y 4 años, e incluso más tarde.
Existen diversas pruebas para valorar la agudeza visual de un niño, dependiendo de su edad:
Lactantes: se valora “que el niño vea”, es decir si reacciona a la luz, si le sonríe a su madre o dirige la mirada a una luz brillante.
Entre los 3 y 24 meses: generalmente se realiza el test de la mirada preferencial. Se trata de utilizar cartulinas con líneas de distintos grosores que se muestran al niño para valorar su mirada hacia las mismas.
Entre los 2 y 3 años y medio: se utiliza el test de dibujos (Pigassou). Se le muestran al niño dibujos sencillos, como árboles, casas o coches, que debe identificar y nombrar.
Entre los 3 años y medio y los 5 años: Optotipos E. Se usa una tabla de letras E colocadas de diferente forma y ordenadas por tamaños. El niño debe señalar si están hacia arriba, abajo, derecha o izquierda.
Más de 5 años: se utilizan tablas de números o letras de diferentes tamaños que el niño debe nombrar.
Es necesario valorar la visión en cada ojo por separado, tapando el otro completamente. Generalmente, la agudeza visual con los dos ojos, llamada visión binocular, es una o dos escalas superior a la de cada ojo por separado.




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