Los testículos se desarrollan en la parte alta y posterior del abdomen y descienden hacia el escroto durante el mes 7-9 de la gestación. Este alojamiento fuera del abdomen tiene como finalidad facilitar la futura espermatogénesis, ya que la temperatura en las bolsas escrotales es 2,2 °C más baja que la de la cavidad peritoneal.
El mal descenso testicular o criptorquidia es una situación patológica en la que uno o ambos testículos se encuentran fuera de las bolsas escrotales. Puede aparecer de manera aislada o asociada a otras entidades causales de hipogonadismo.
La prevalencia de la criptorquidia es de un 2-5% en los recién nacidos a término y de un 21-30% en los prematuros. Durante las primeras semanas de vida, debido a la elevación posnatal de gonadotropinas y testosterona, se produce un descenso espontáneo de los testículos al escroto, lo que reduce esta frecuencia a un 0,8-1% de todos los niños. El testículo que no ha descendido durante el primer año de vida, pocas veces lo hace después. En el 20% de los casos, la criptorquidia es bilateral.
En su patogenia intervienen diversos mecanismos: a) existencia de defectos anatómicos (acortamiento del cordón espermático, obstrucciones del canal inguinal, etc.); b) falta de aumento de gonadotropinas fetales en el tercer trimestre del embarazo; c) un defecto intrínseco gonadal (en la criptorquidia unilateral el testículo descendido presenta, en el 30% de los casos, alteraciones disgenéticas).
La principal consecuencia de la criptorquidia es azoospermia u oligozoospermia severa, sobre todo en bilaterales. La célula de Leydig es más resistente, por lo que la insuficiencia de androgénos es infrecuente, salvo en las formas bilaterales en las que se pueden presentar grados variables de déficit.



