Son crisis focales o de duración mayor de 15 minutos, o que se repiten en las 24 horas siguientes o van seguidas de un estado poscrítico largo (parálisis de Todd), o bien son crisis focales con inicio localizado y lateralizado. También pueden presentar paresia (mono o hemiparesia) paroxística.
En general el pronóstico de las convulsiones febriles es bueno y no dejan secuelas, aunque son posibles algunos problemas como: estado de mal convulsivo (duración mayor de 30 minutos), recurrencia (de un 30-35%) y epilepsia posterior (más frecuente si hay un familiar epiléptico, un trastorno del desarrollo psicomotor antes de la primera convulsión febril o si la primera crisis febril es compleja).
Son factores de riesgo de recurrencia de convulsión febril: edad menor de 18 meses en la primera crisis, historia familiar de crisis febriles o afebriles, fiebre menor de 38 °C en la primera convulsión febril y una primera convulsión febril compleja.
El tratamiento de elección de una convulsión es el diacepam vía rectal a dosis de 0,2-0,5 mg/kg: se absorbe rápidamente, pasa a la sangre en 2-4 minutos y la concentración máxima es a los 15 minutos. Se puede repetir a los 5 minutos si es necesario. Si no se encuentra una causa conocida o una causa infecciosa clara, el paciente debe ser remitido al hospital en búsqueda de la causa.
En las convulsiones febriles simples no es necesario el estudio neurológico ni electrocardiográfico ni realizar tratamiento profiláctico.
En casos de convulsión febril compleja se indicará el control neurológico y EEG, así como aplicación de tratamiento profiláctico.


