
La asfixia en el nacimiento se produce al enviar una cantidad inadecuada de oxígeno al feto, por lo general durante el parto y el pre-parto, llevando al riesgo de muerte (muerte fetal o neonatal) o discapacidad permanente en el niño sobreviviente.
Al nacer, la condición puede ser reconocida inmediatamente por la incapacidad del bebé para iniciar la respiración. Casi un millón de recién nacidos mueren cada año debido a la asfixia perinatal. Existen métodos sencillos para mejorar el reconocimiento de signos de peligro derivados de la maternidad (por ejemplo, prolongar el parto), lo cual combinado con oportunas y adecuadas derivaciones ayudará a salvar vidas de madres y recién nacidos.
Cuando un rápido reconocimiento determina que el recién nacido ha sido víctima de asfixia, las intervenciones simples y de aplicación inmediata puede salvar a la mayoría de los recién nacidos que no respiren al nacer. Sin embargo, evitar las muertes debido a la asfixia perinatal sigue siendo un gran desafío. Este desafío es mayor en los entornos donde los nacimientos tienen lugar en los hogares, sin la asistencia de una partera calificada. De todas maneras, e incluso cuando los nacimientos tienen lugar en un centro de salud, los proveedores a menudo carecen de las habilidades esenciales o el equipamiento básico para proveer intervenciones que salven vidas.
La prevención y el tratamiento de la asfixia perinatal a nivel comunitario, donde el riesgo de muerte de recién nacidos es mayor, es un desafío. En estos entornos, a menudo tienen escasos servicios de atención obstétrica de emergencia y una baja cobertura de proveedores capacitados y suficientemente equipados que logren proporcionar una reanimación inmediata de los recién nacidos.



