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Patología testicular

El comienzo brusco del dolor testicular asociado a náuseas y vómitos orienta a una torsión testicular, en oposición al curso más indolente de una epididimitis. La mayoría de los hidroceles, espermatoceles y varicoceles son asintomáticos o producen molestias vagas y graduales en relación con su tamaño. La mayoría de las lesiones malignas son asintomáticas, pero el crecimiento de una masa o la aparición brusca de síntomas en un varón en la tercera década de la vida nos debe hacer pensar en primer lugar en una lesión maligna. La asimetría testicular presente durante muchos años después de una orquitis, o la presencia extratesticular de una lesión que se mantiene sin cambios durante muchos años, sugieren un proceso benigno. Se deben buscar antecedentes de enfermedades generales que afectan al escroto, como la parotiditis o la tuberculosis, los antecedentes de traumatismo o cirugía genitourinaria reciente (la intervención quirúrgica previa de un testículo no descendido supone un riesgo de 10-40 veces de sufrir una neoplasia maligna). La palpación cuidadosa del testículo inflamado puede dar información sobre si la masa es sólida o quística, pero se debe realizar la transiluminación. Si una masa extratesticular no se transilumina fácilmente de manera homogénea y completa (lo que indicaría un hidrocele, espermatocele o varicocele), se debe realizar una ecografía o remitir al urólogo.

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