La mayoría de las faringitis agudas circunscritas (amigdalitis) son víricas, originadas por adenovirus y rinovirus. El estreptococo Beta-hemolítico del grupo A es el causante de la mayoría de las infecciones bacterianas. La principal dificultad diagnóstica en estas infecciones es determinar su origen vírico o bacteriano. El diagnostico diferencial basándose en datos clínicos es a menudo difícil. La utilización en la consulta de técnicas de laboratorio conlleva el inconveniente del coste económico que implica su generalización y el margen del tiempo de espera que transcurre hasta la obtención de los resultados. En la actualidad este problema se halla parcialmente solventado con la utilización de técnicas antigénicas rápidas. Ciñéndonos al síndrome clásico de la enfermedad, se trata de un proceso febril, con dolor faríngeo, presencia de exudado amigdalar y adenitis cervical. La infección estreptocócica cursa habitualmente con fiebre más elevada, dolor más intenso y mayor exudación y reacción ganglionar regional que las infecciones por adenovirus.
Las complicaciones de las faringitis estreptocócicas pueden ser supuradas y no supuradas. Los abscesos periamigdalinos, con mayor incidencia en pacientes adultos jóvenes, y la adenitis cervical supurada (actualmente excepcional en nuestro medio) son ejemplos de complicaciones supuradas. La fiebre reumática y la glomerulonefritis postestreptocócica son las complicaciones no supuradas clásicas que, al margen de fluctuaciones ocasionales, también están en claro retroceso en nuestro medio.
La penicilina sigue siendo el tratamiento de elección de la amigdalitis aguda, la fenoximetilpenicilina (penicilina V) por vía oral, a una dosis de 40.000-80.000 UI/kg/día durante 10 días, es suficiente. Para los individuos en los que no existe seguridad de un correcto cumplimiento terapéutico la alternativa es la penicilina G benzatina en una sola dosis. En los individuos alérgicos a la penicilina, la eritromicina es el fármaco de elección.
